miércoles, 28 de marzo de 2012

Una historia que no tiene foto

Un jinete cabalgando a rienda suelta por la soledad de los llanos riojanos, el sol fuerte de las primeras horas de la tarde hace todo más dramático. Ni las lagartijas se animaban a salir de sus cuevas polvorientas.
Pero el montonero solitario seguía firme en su propósito, llevarle a su General la noticia de que las fuerzas porteñas lo andaban rastreando. Así anduvo hasta el atardecer cuando pudo dar con el humilde rancho en el que descansaba en un catre uno de los mas grandes próceres de nuestra patria, el general Ángel V. Peñalosa, el Chacho.
Sin parar la marcha de su pingo, el gaucho salta de su montura y al grito de ¡¡ mi general ya vienen!! cae desmayado de sed y de cansancio pero mas de angustia al ver aproximarse el peor de los finales.
Uno de sus soldados que había caído prisionero no pudo aguantar las torturas recibidas por los esbirros de Sarmiento y Mitre  había delatado a su jefe.
Ya la civilización le iba ganando la batalla a la barbarie, los últimos gauchos de la resistencia estaban siendo exterminados, todo esta dispuesto para la entrega de la Patria en nombre del adelanto, de las nuevas generaciones y de su majestad británica.
La Rioja y Catamarca eran los últimos bastiones de la resistencia, Peñalosa y Varela, los mismos que pelearon al lado de Urquiza contra Rosas hoy al verse traicionados por su comandante levantan las banderas de la Federación que el entrerriano había bajado.
Ciriaco, uno de los lugartenientes del Chacho estaba lejos de Olta en esos momentos pero las noticias vuelan, el hombre toma su caballo y su chuza y sale al galope, atrás de el se van sumando sus vecinos y compañeros de armas.
No hace falta que diga nada ni que llame a nadie. Todos saben que algo pasa y salen del poblado en montón, solo quedan las mujeres y los chicos. El jefe los necesita y rápido.
Así pasa en todos alrededores, de cada paraje salen grupos de hombres armados con palos chuzas y lanzas, poncho y vincha colorada.
Mientras tanto en Olta se desarrolla la tragedia, el Chacho ya desarmado se encuentra a merced de sus enemigos, el sargento a cargo le asegura la vida pero una polvareda denuncia a un pelotón que se acerca, es el mayor Irrazabal que gritando... donde se haya el bandido del Chacho, desmonta y toma una lanza, el Chacho se le planta en frente y contesta yo soy el Chacho y no soy ningún bandido soy general de la Patria.
La lanza  lo atraviesa de lado a lado. Herido de muerte el chacho cae, su mujer y su hija se arrodillan y lloran, el comandante manda que lo degüellen y que la cabeza sea puesta en una pica y exhibirla.
Para así decirle al pueblo, el chacho murió, nosotros lo matamos, nosotros somos los vencedores y Uds. los vencidos. Sarmiento y Mitre saludan al asesino. La mujer del Chacho es encadenada y llevada a la provincia de San Juan. Los porteños festejan.
Seguramente el Diario La Nación Argentina que hoy lo conocemos como el diario La Nación habrá publicado en primera plana, fue muerto el criminal del chacho Peñalosa. La paz reina en la Argentina
Pero no va a ser tan fácil, aún quedan caudillos, aún queda Varela…….y sus banderas que dicen Viva a La Unión Americana.
Queda Ciriaco y queda y queda y queda y va a seguir quedando y no se les va a ser fácil.
Una canción dice: ¿Los últimos gauchos hacia donde irán?, van flotando al aire sus largas melenas, rotas las espuelas roto el chiripa, se van silenciosos, ni una triste queja ni un triste campero quisieron cantar, los últimos gauchos los leones vencidos…….

Nota del autor: A esta historia querido lector le falta una foto, porque no existe un escultura que resalte la figura del gaucho de las guerras de la independencia. NO

Edgardo R Ieraci

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