jueves, 2 de febrero de 2012

El Nido


 Mientras observaba las sierras por su ventana, dictaba una carta a su secretario. Estaba de pie, todavía con el don de mando intacto, como si no hubiese acabado de perder una guerra atroz.
Las manos detrás, sobre la cintura, los ojos fijos en la salvaje naturaleza que lo transportaban a su antiguo país, casi como sino hubiese salido de el.
-Herr coronel le escribo estas líneas para saber como anda todo por allí, quiero hasta los últimos detalles de cómo va la construcción del nido. Quiero estar lo antes posible allí. Ya estoy cansado de estar siempre en el mismo lugar aunque el trato es inmejorable  al igual que la comunicación con el resto de los camaradas diseminados por todos lados.

El grueso sacón  de color  gris pardo con las solapas levantadas tapándole el cuello, el pantalón de montar y las botas de cuero amenguaban el frío de la habitación en ese crudo invierno de 1945.
La carta concluyó  firmada simplemente por el seudónimo de Yo y fechada en la  Falda Prov. de Córdoba. Junio del 1° año.
Habiendo terminado su trabajo el secretario se levantó  del pequeño escritorio y golpeando sus tacos, salió presuroso a despachar la misiva.
Casi al instante, en la recepción del hotel suena un teléfono:
-Recepción: Ia
-Por favor con Herr Müller
- Inmediatamente
Müller escucha y contesta.
-Hi,….. Bien

Dos copias de la misma carta salen, una  para la patagonia y otra para el litoral…y una tercer copia para el servicio de inteligencia americano…..


                                                                               Edgardo R Ieraci

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