Mientras observaba las sierras por su ventana,
dictaba una carta a su secretario. Estaba de pie, todavía con el don de mando
intacto, como si no hubiese acabado
de perder una guerra atroz.
Las manos detrás, sobre la cintura, los ojos
fijos en la salvaje naturaleza que lo transportaban a su antiguo país, casi como sino hubiese salido de el.
-Herr coronel le escribo estas líneas para
saber como anda todo por allí, quiero hasta los últimos detalles de cómo va la
construcción del nido. Quiero estar lo antes posible allí. Ya estoy cansado de
estar siempre en el mismo lugar aunque el trato es inmejorable al igual que la comunicación con el resto de
los camaradas diseminados por todos lados.
El
grueso sacón de color gris pardo con las solapas levantadas
tapándole el cuello, el pantalón de montar y las botas de cuero amenguaban el
frío de la habitación en ese crudo invierno de 1945.
La carta
concluyó firmada simplemente por el
seudónimo de Yo y fechada en la Falda Prov.
de Córdoba. Junio del 1° año.
Habiendo
terminado su trabajo el secretario se levantó del pequeño escritorio y golpeando sus tacos,
salió presuroso a despachar la misiva.
Casi al
instante, en la recepción del hotel suena un teléfono:
-Recepción: Ia
-Por favor con Herr Müller
- Inmediatamente
Müller
escucha y contesta.
-Hi,….. Bien
Dos copias de la misma carta salen, una para la patagonia y otra para el litoral…y
una tercer copia para el servicio de inteligencia americano…..
Edgardo R Ieraci
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